Esta es la receta racional para lidiar con la crisis:
* “Identificar la situación“. Entendamos lo que realmente ha pasado, aceptemos la realidad. Los causantes de los desequilibrios económicos no han sido especuladores ni hombres de negocios, sino la creciente intervención estatal a escala mundial – los artificialmente bajos tipos de interés, las políticas populistas de crédito y empleo, el arbitrario y desmesurado gasto público. Reconozcamos que el Estado no produce nada, y que intentar forzar a la gente a producir – por decreto, como están haciendo los políticos hoy día – es como intentar hacer llover mediante rezos o amenazas.
*“Revisar sus premisas“. Este es el cambio principal, el más importante y el más difícil. Tenemos que cambiar las premisas morales en que se basa nuestro sistema social. Tenemos que reconocer que el paternalismo estatal es injusto; que cada individuo es un fin en sí mismo, no un medio para los fines de otros; que la “necesidad” no confiere derechos a quien la tiene ni obligaciones a los otros; que el papel del gobierno no es iniciar la fuerza contra ciudadanos indefensos, sino única y exclusivamente proteger los derechos invididuales; que el altruismo es malvado y es la raíz de la crisis; que lo bueno, lo racional, lo que le permite al hombre sobrevivir y hace que la sociedad en que vive prospere, es la libertad para buscar su propio interés personal.
*“Descubrir sus activos ocultos“. Cualquier país de occidente tiene activos ocultos, ocultos porque las trabas políticas no permiten que sean utilizados adecuadamente. Más que sus recursos naturales, son las mentes de sus ciudadanos, las mentes creativas que, si se les permitiera funcionar, generarían riqueza, empleo para todos y una época de prosperidad nunca vista antes. Tenemos que liberar esos activos. Como demuestra la historia, cuanto más libre es un país, más progresa, independientemente de lo que hagan sus vecinos.
*“Empezar a reconstruir“. La “reconstrucción” habrá de consistir en reducir impuestos, eliminar las trabas al comercio y a la industria, disminuir drásticamente el gasto público, acabar con los subsidios… Será un delicado proyecto a largo plazo que deberá ser implementado paulatinamente, pero su objetivo final debe estar claro desde el principio: la absoluta separación de Estado y Economía – de la misma forma y por las mismas razones que hoy disfrutamos de la separación de Estado e Iglesia.
Ayn Rand

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