¿Por qué los orientales se saludan inclinando la cabeza?


Por el sudor de las manos. En gran parte del mundo el saludo más habitual entre personas es chocando las manos, pero ese gesto no resulta muy agradable cuando uno o dos de las personas tienen las manos sudadas. En el extremo oriente, la incidencia de la hiperhidrosis –que es como se llama al exceso de sudoración- alcanza al 25% de la población, un porcentaje nueve veces superior a la media mundial, que es del 2,8%.
Por tanto, en países como China o Japón (pero también en Brasil o Israel) una de cada cuatro personas suda excesivamente, de modo que casi la mitad (44%) de todos los apretones de manos posibles estarían impregnados en sudor. La respuesta cultural para evitar ese mal trago de origen fisiológico es recurrir a la inclinación de tronco, una reverencia que entraña todo un ceremonial 
en Japón.
Por tanto, la hiperhidrosis puede estar en el origen de la conocida aversión de los nipones hacia el contacto físico con extraños (y no sólo con extraños). En un revelador experimento realizado por el antropólogo Edward Hall en la década de los 60 –reseñado por Flora Davis en su clásico “La comunicación no verbal”- los investigadores metieron a dos desconocidos de distintas culturas en una habitación a charlar. En función de las respectivas ‘distancias de intimidad’ los interlocutores se movían por la habitación, huyendo los que se sentían invadidos (japoneses y chinos), aproximándose los que buscaban mayor contacto (árabes y latinos).
El caso extremo se produjo precisamente en el dueto formado por un japonés, con una posibilidad entre cuatro de que le sudaran las manos, y un árabe. Mientras éste trataba de aproximarse, el nipón retrocedía, sintiéndose invadido por el primero. La conversación se inició en un extremo de la habitación y terminó en la otra, con el japonés atrapado entre el árabe y la pared.
Por cierto, la hiperhidrosis tiene cura e incluso una asociación mundial de afectados. También tiene una neurosis derivada: la transpirofobia

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